UN VIAJE AL PASADO: VISITA AL ÚLTIMO LEPROSARIO


El comienzo de la historia…
¿Cómo se explica el sentir que los pasos de uno fueron los mismos que transitaron hace casi un siglo atrás aquellos viejos muchachos que sentaban las bases de lo que con el tiempo sería el club más popular? Por aquel entonces, como no podía ser de otra manera, Newell’s comenzaba a distinguirse del resto y a marcar la diferencia desde un principio que sostuvo sobre los demás clubes más allá de lo que tiene que ver con lo estrictamente deportivo.
Conocida es la historia de la propuesta de un partido de fútbol a realizarse a beneficio de los enfermos de Lepra del Hospital Carrasco a principios del siglo XX en Rosario. La misma fue aceptada por los directivos que por esos tiempos estaban a cargo del club más grande de la ciudad y rechazada, en un acto repudiable, vergonzoso y discriminatorio, por la institución que con el correr de los años sería identificada como de segunda categoría.
Pero ese acto que quizás hoy 100 años después se ve minimizado, significó mucho más. La lepra es una enfermedad definida por las enciclopedias como “históricamente incurable, mutilante y vergonzosa” para aquellos que la padecían, a tal punto que en un momento se ordenó excluir a todos los enfermos de la sociedad.
Contrariamente con la vergüenza lógica que significaba para los enfermos padecer lepra y mostrarse a la sociedad, para nosotros es un orgullo llevar ese apodo que no solo representa “ser hincha” de Newell’s con todo lo que eso significa, sino que en el mismo nombre reside el aspecto solidario, integrador y popular interminable del club más grande del interior.
Con gestos como el de aquel histórico partido, el rojinegro mostró a lo largo de sus gloriosos años una postura de apertura para con todos los sectores de la sociedad sin distinguir edad, clases sociales, situación económica, ni estados de salud. Newell’s solidario y popular desde y para siempre

Un viaje al pasado: la visita al último leprosario
Este último sábado, previo al partido vs River en Núñez, la Subcomisión del Hincha del CANOB, viajó hasta la localidad de General Rodríguez para visitar el Hospital Sommer, el último leprosario del país. En una suerte de viaje al pasado, reflotando nuestras raíces y recreando la historia de nuestros antecesores, varios integrantes de la Subcomisión se hicieron presentes para interiorizarse en el tema y conocer las necesidades para ponerse en campaña y ayudar de la manera en que pueda al hospital, que por cierto no es un hospital más.  
El lugar destinado al Sommer ocupa alrededor de 270 hectáreas que cuentan con cuatro barrios de pequeñas casas y hasta dos escuelas, un teatro, una iglesia, un cementerio y un almacén que lo convierten en una especie de pueblo, pero no es casualidad que esto sea así.

La historia del Sommer
Desde 1941, el hospital empezó a recibir enfermos de lepra. Por una orden dictada en aquel entonces, los leprosos debían ser excluidos, apartados de la sociedad, tal es así que los leprosarios debían estar 50 kilómetros alejados de las ciudades o pueblos. Los enfermos eran engañados con alguna versión falsa sobre su salud para luego ser encerrados y así como si nada, de un instante a otro, no volvían a vivir en la sociedad nunca más. Eran excluidos, perdían todo contacto con sus familias y literalmente con sus vidas. Alambres y candados los separaban para siempre del mundo exterior. A las mujeres enfermas que parían dentro del hospital les sacaban el hijo y lo conocían quizás a los 20 años, si es que los conocían. Si algún enfermo residente intentaba escaparse, la seguridad de allí tenía la orden de disparar a sus piernas, supuestamente por la creencia de aquel entonces que el enfermo que se escapaba podía contagiar lepra fuera del hospital.

El hospital en la actualidad
Hoy, el panorama es muy distinto. La mayoría de las personas están curadas y rondan un promedio de 69 años, pero el hecho de que hayan vivido gran parte de sus años aislados hace imposible que se reinserten en la sociedad, de modo que el Sommer se terminó convirtiendo en un refugio para ellos.
El doctor Omar Moyano es director del Hospital Nacional Baldomero Sommer desde 2004, y el mismo afirma que ahora el verdadero problema que tienen son los adolescentes que viven allí sin tener lepra como si fuesen antiguos leprosos. Padres enfermos e hijos se acostumbraron a vivir allí teniendo todo al alcance. El Estado los provee de todo lo que necesitan: luz, agua, gas, comida, y hasta tienen un sueldo por hacer trabajos dentro del hospital. De modo que los adolescentes crecieron malacostumbrados sin entender la cultura del estudio, de la preparación para un futuro y, para peor, reflejan los mismos problemas que los adolescentes de la sociedad argentina y del mundo: violencia, drogas y alcohol.
Esta es la problemática que enfrenta el Sommer y sobre la que están trabajando los encargados. A raíz de estos inconvenientes se creó hace unos años ya, el proyecto Rayuelas, impulsado por un grupo de médicos y asistentes sociales que trabajan con los chicos que viven en el hospital y dictan talleres de murga, realizan campeonatos de fútbol callejero, deportes y hasta funciona una radio FM.
Como pueden ver, el hospital es mucho más que eso. En su momento supo ser una suerte de campo de concentración, fue el hogar de muchos a lo largo de sus vidas y es el hogar de otros tantos chicos que comenzaron allí sus vidas y hoy son preparados para salir a la sociedad, a ese mundo exterior que nunca palparon. La enfermedad es vista con otros ojos y los tiempos que se viven actualmente en el Sommer son muy distintos a los de antes. Atrás quedó la imagen de lo que parecía más una cárcel que otra cosa y hoy de la mano del director pero hasta el último empleado, tratan de dejar atrás esos tiempos y el cambio está a la vista más allá de la remodelación de las instalaciones.  

La visita de la Subcomisión del Hincha
Los integrantes allí presentes de la Subcomisión pudieron mantener una extensa charla con el director que los recibió de manera más que cordial, recorrieron las instalaciones acompañados por el mismo, conocieron la historia del hospital y de la enfermedad y finalmente se pusieron a disposición del Hospital para lo que se necesite y en lo que Newell’s pueda dar una mano.
La jornada fue realmente inolvidable tanto para los que fueron en representación del club más popular como para los chicos que viven allí, quienes recibieron camisetas como un obsequio y disfrutaron del deporte del que los chicos aprendieron que fuimos pioneros.
A través de esta iniciativa comienza un vínculo entre el más grande del interior y el refugio que a futuro derivará en innumerables actividades, tal cual lo expresaron con convencimiento los representantes allí presentes de la Subcomisión del Hincha.
De esta manera, Newell’s mantiene vigente su aspecto solidario, abierto y popular que lo caracterizó a lo largo de su historia, dando otra demostración de grandeza. Vuelve a marcar la diferencia, a acordarse de los olvidados, a integrar a los marginados, y por sobre todas las cosas a ayudar a los necesitados. Newel’s Carajo!

Autor: GloriosoNOB.com.ar

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