
El hockey femenino está en franca decadencia. La prueba
irrefutable es que el Mundial se hace en la Argentina y ni siquiera
le asignan una ciudad sede de primer nivel. Si el deporte estuviera
en su apogeo, le habrían dado el torneo a un país
serio: Inglaterra o, si hablamos de Sudamérica, Brasil.
Así que no hay motivo para sentirse orgulloso por la
localía, un detalle que no importa. De hecho, si alguien
pensaba sacar rédito de eso, mejor olvidarlo: la hinchada
no se siente. Uno de los problemas de ayer fue justamente el
aliento. No ya el de las coreanas, fuerte vaho de ajo que actuó
como ahuyentador de voluntades cuando Argentina intentó
la marca hombre a hombre. El aliento que falló fue el
de las tribunas: ¿a quién pueden motivar esos
grititos agudos, punzantes, histéricos, similares a los
de cualquier recital de Ricky Martin? La comparación
no es antojadiza: en ambos casos se trata de un público
femenino que se desespera por protagonistas femeninas. De cualquier
forma, es preferible eso y no que vayan los de Central. Primero
porque el estadio es nuevo, tiene un flamante sistema de audio
y no se necesitan parlantes. Y segundo porque, a igualdad de
volumen, es preferible que al menos la hinchada sea de Primera.
Nota
original
Autor:
El Contra - Olé