
Me remonto al tiempo y me encuentro en la Escuelita de Fútbol
de Malvinas, con tan solo 4 años. Fue en ese momento
que mi viejo me llevó para que empiece a correr atrás
de una pelota, para divertirme y pasarla bien. Pero con todo
el sueño de que algún día su hijo llegue
a primera división.
Las
vueltas de la vida hicieron que las condiciones no me ayudaran
y me tenga que resignar a ver al Glorioso Newell’s desde
la tribuna y no siendo un actor principal. Costó aceptar
la realidad, pero desde ese entonces me propuse estar siempre
cerca del Glorioso y hoy escribo estas líneas desde el
lado de periodista, pero con la pasión y el sentimiento
de cualquiera de ustedes.
Hasta
acá nada nuevo dije. Incluso ahora me meto en tu vida
y la empiezo a analizar. Si sos afortunado de tener trabajo,
de las 24 horas del día mínimo se te van 8, más
ir y venir. A esto sumale que dormís 6 horas como para
poder reponerte. Entre desayuno, almuerzo, merienda y cena se
te va otro tanto de tiempo. Ahora pregunto ¿Cuanto tiempo
te queda para ser feliz? Probablemente al rededor de 3 o 4 horas
de tu vida, son especialmente para vos y tu placer. Seguirás
pesando a donde quiero llegar. Bueno continúo. Seguramente
se puede llegar más rápido a la felicidad si uno
trabaja con gusto, realizando tareas que le caigan bien y así
tener más horas de placer.
Las
mismas horas que vos tenés para placer personal, son
las que los jugadores profesionales le dedican por día
a su entrenamiento.
Imaginate vos, con las condiciones de un jugador de fútbol,
las cosas que serias capaz de hacer adentro del verde césped
del Marcelo Bielsa. ¿Dejarías que un rival te
pase como quiera? ¿Darías por perdida una pelota,
cuando aun no está perdida? ¿Te sacarías
de encima a la redonda, sabiendo que tenés miles de almas
atrás tuyas alentadote? ¿Serías capaz de
no salir motivado cuando en el vestuario vez al Diego con la
rojinegra? ¿No te tirarías a un cruce para evitar
un gol del rival?
Me
dirijo a ustedes, señores jugadores. No dudo de la honestidad
que tienen, muchos menos de sus capacidades. Tampoco dudaría
de la falta de trabajo. Pero no nos agarren para la joda. Atrás
de ustedes tienen un pueblo que iría a trabar con la
cabeza. Pero como ustedes son los que tienen las condiciones
de hacerlo, se lo exigimos. Disfruten de su trabajo, son unos
afortunados. Trabajan de lo que más les gusta. Porque
presión no es salir a la cancha, presión es no
llegar a fin de mes con la guita y tener que darle de comer
a cuatro bocas. Trabajo duro son los de las fábricas,
cuando las ocho o doce horas que haces nunca se pasan, y mientras
pensás la forma de ayudar a Newell’s. No me quejo
ni lo haría de la remuneración que reciben, al
contrario bien merecidos lo deben tener. Pero tambien piensen
en el pueblo. En nosotros, la gente. La que no tiene tiempo
para su familia, pero si para Newell’s. La que no llega
a fin de mes, pero si para viajar. Ese vago y atorrante que
lleva $5 de más en un viaje y se los da al que tiene
al lado. Esta gente deja la vida día a día por
el Glorioso Newell’s. Ustedes son los representantes nuestros
ahí adentro, y tienen la facultad y responsabilidad para
hacerlo de la mejor manera.
En
la 15 hay una final y ahí quiero que se reciban de hombres.
Quiero que salgan a la cancha con las mismas ganas que el pueblo
Leproso irá a sacar la entrada, al banderazo e incluso
a la caminata que como nos tiene acostumbrados saldrá
hacia el templo del silencio. Dentro de unos días quiero
sentirme identificados con cada uno de ustedes y que me demuestren
que llevan merecidamente esa camiseta. Jugar en Newell’s
es un lujo, un placer. Una alegría incomparable. Lo más
maravilloso que le puede pasar a un ser humano. Aprovéchenlo,
ustedes pueden, nosotros no. Nosotros estamos afuera para alentar,
ustedes adentro deben ser la sangre de Isaac viviente, los huevos
del Chocho Llop y el corazón de Gallego. Si dejan la
vida en ese partido y lo ganan, estaremos orgullosos de cada
uno de ustedes, si lo pierden será la peor humillación.
La cuidad los castigará y no podrán ni siquiera
salir de sus casas por la vergüenza. La gloria está
en sus manos. No olviden que El Loco Bielsa ofreció hasta
un dedo por ganar ese partido.
Autor:
Como te quiero Newell's