CÓMO OLVIDARME...


Muchos renglones se pueden escribir para contar lo que sucedió aquel clásico de 1992 que es uno de esos que quedaron en la historia y en la memoria de cada leproso, pero creo que lo mas destacable de aquel día no es un partido, sino el hecho de que en ese clásico se vio reflejada una tendencia que se marcaría a lo largo de toda la historia.
De una lado el miedo escénico a los colores rojinegros, la actitud de tratar de sacar ventajas como sea, que hoy se refleja en tantas complicidades del club de la mentira. Del otro lado, la guapeza, el no achicarse nunca sino agrandarse cuando enfrente tenemos los colores de la policía, y sobre todo, el amor propio a esta camiseta.
Como era costumbre en aquellos tiempos, peleábamos en los dos frente, tanto el local como en la Copa Libertadores, por eso es que Newell’s llegaba al clásico en medio de dos compromisos en Chile por la Copa y no podía contar con los titulares. El sin aliento merodeaba en los puestos bajos de la tabla del torneo local, y como no podía ser de otra manera se negó a cambiar la fecha del encuentro para que Newell’s pudiera contar con los titulares, quizás así podía volver a ganar en el Parque luego de 12 años que llevaba contando.
Lejos de tomar la actitud de cagón que los sinas mostraban sin vergüenza, Bielsa mandó a la cancha al Chocho Llop (que viajó a Rosario 2 días después de haber jugado en Chile y volvería allí al día siguiente), al Yaya Rossi y a Cristian Domizi que había sido expulsado en Chile. ¿El resto? todos pibes de la reserva.
¿Como se explica entonces el resultado de aquella tarde? “Amar estos colores y matar al sin aliento”. Así lo entendió siempre más que cualquier otro Marcelo Bielsa, que bastaría con escuchar lo que habrá sido la charla previa a un clásico, con lo que eso significaba para el Loco.
En un córner a favor, el Pájaro primereó a la defensa parlante y la mandó de cabeza al fondo de la red. Cuando bajó de ese vuelo eterno salió corriendo a la tribuna leprosa y se besó esos colores que son los únicos capaces de generar el sentimiento con el que jugaron los pibes aquella tarde.
Una fecha más para recordar dentro de tantas otras en que se termina siempre rescatando lo mismo. Ellos “primeros en todo”: En perder el primer clásico, en comerse la mayor goleada, en ser mandados al descenso por su eterno rival, en que le salgan campeón en la cara, en abandonar su tribuna al ser goleados en un clásico, en perder un clásico contra un equipo de la 3ra, en estar 22 años sin ganar de visitante. Nosotros, mandando en Rosario desde hace 107 años.

Autor: GloriosoNOB