Y
la espera terminó. El almanaque que veníamos mirando
desde las fiestas nos marcaba ese “27” que tan lejos
nos parecía que estaba pero que finalmente llegó.
Todos sabiamos que el año que se festejó el 1º
de enero recién hoy empezaba para todos nosotros, los
enfermos, los que respiramos Newell’s y vivimos solo para
él.
Volvió la rutina… la única rutina que no
nos desgasta, la que siempre nos deja con ganas de un poco más,
la que nunca nos termina de alcanzar. Esa que en vez de sacarte
las ganas, cuanto más se repite más te enferma
y más necesario se nos hace, como toda adicción.
Nuestra droga preferida… nuestra única pasión.
La que te regala esas 2 horas de locura y desahogo que esperás
toda la semana. La que nos tiene sacados cada 15 días
yendo adonde nos lleve la Lepra, sin importar en que lugar del
mundo sea.
Volvieron las alegrías y tristezas compartidas de a miles
en una misma tribuna. Volvieron esas caras que ves en todas
partes desde hace años en todas las canchas, la gente
que jugués donde jugués siempre va a estar.
Volvió nuestro querido Newell’s, nuestro buen amigo,
y comienza otro año con todas las expectativas renovadas
como en cada nueva etapa, en un club donde la historia exige
siempre ser protagonistas. Eso dentro de la cancha, nosotros
desde afuera ya sabemos qué hacer y seguiremos dando
clase en la cancha que sea, mostrándole al mundo ésta
enfermedad que solo un Leproso puede entender.