Poder morirse tranquilo...

Como evitar el recuerdo sin que se escape un lagrimón. Desde la época dorada de la historia del mas grande del interior que un pueblo entero estaba esperando para volver a festejar, para volver a pegar ese grito que nos depositara otra vez en lo más alto del futbol nacional. La espera fue larga, 12 años, pero se guardaba lo mejor… los tiempos del futbol argentino habían cambiado. Las hinchadas habían crecido en cantidad y habían cambiado la cultura del hincha argentino. La competencia crecía y muchas intentaban con frases producidas describir el sentimiento que las diferencia del resto, pero solo una pudo demostrar y ser protagonista de un record histórico insuperable que todos envidian.
En la semana se preveía un clima tremendo. Newell’s ganaba, el camino se le iba abriendo fecha tras fecha aunque al final del torneo se perdieron algunos puntos que como siempre nos hicieron sufrir, pero no podía darse de otra manera. La vuelta en casa no había podido ser, todo estaba preparado para que el Coloso explote celebrando la sexta estrella en la fecha 18, pero algo quiso que todo ocurra en otro marco… La venta de entradas previa a la última estación del Apertura fue un caos, el boleto hacia Avellaneda era el pasaje a la gloria. Los días fueron interminables y en las noches ni un rosarino pudo dormir… desvelados, unos por acariciar la gloria, otros por sentir llegar el fin del mundo.
Hasta que llego el día. Ese día que pareció amanecer mas temprano que nunca. Ya no se aguantaba mas. La premisa era ir, ir con Newell’s, como toda la vida, como no podía ser de otra manera. Con o sin entrada, en auto, colectivo, trafic, moto, con un amigo de un amigo, con el tio, con el vecino… ese día éramos todos Newell’s y nada más importaba.
A los capítulos de las vueltas del mas popular, se sumaban ese día los hijos de la generación dorada, los pibes que crecieron mas enfermos que los padres, educados por ellos, siguiendo el legado de locura y fanatismo por estos colores que nos había dejado el Maestro despúes de años que fueron un punto de inflexión.
Al salir a la ruta ya se veía venir que algo distinto iba a pasar. No se pasaba un kilómetro sin cruzar los colores mas hermosos del mundo flameando al viento. Los 300 km que separan Rosario de la Capital nunca fueron tan cortos. Era el dia, no podía no serlo. Y luego el momento más difícil de explicar con palabras...
Entrar a la cancha de Independiente fue fotografiar en mi mente la imagen mas inolvidable de la gente de Newell’s. La reacción era la misma en todos, tener que tomarse unos segundos para entender lo que estaba pasando aunque claro, nunca íbamos a tomar real dimensión de semejante acto del que estábamos siendo participes. Las tribunas de los 4 costados fueron “tomadas” literalmente por gente leprosa. Crea o no el resto, nadie nunca me robará las imágenes que me voy a llevar a la tumba de ese 12 de diciembre de 2004.
El sufrimiento no se podía ausentar. Haciendo honor a la historia, como en todos los títulos anteriores, tuvimos que vivir minutos que fueron eternos y en los que llegamos a pensar que todo sería en vano. Pero cuando el desenlace llegó hermano… la felicidad en su máxima expresión se apoderó de las 40 mil almas que coparon Avellaneda.
Mario Zanabria cuenta que viejos hinchas leprosos le agradecían aquel 2 de junio de 1974 en el estadio militar por el campeonato, diciéndole que ya se podían morir tranquilos. Te juro que desde el 12 de diciembre de 2004 yo también lo puedo afirmar. La vida está llena de sin sabores, pero toda una vida entera vale la pena por un solo día como aquel que vivimos hace 7 años. Newell’s campeón, con la mayor movilización en la historia del fútbol mundial. Y ya está, me puedo morir tranquilo…

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